Las ondas de choque son un tratamiento no invasivo indicado para aliviar el dolor, mejorar la movilidad y estimular la regeneración de tejidos en lesiones musculares, tendinosas y articulares.
En Clínica Viller, utilizamos esta tecnología para tratar molestias persistentes y lesiones crónicas de forma personalizada, segura y adaptada a las necesidades de cada paciente.
Las ondas de choque son un tratamiento no invasivo que utiliza ondas acústicas de alta energía para estimular los procesos naturales de reparación del cuerpo.
En Clínica Viller, aplicamos esta tecnología de forma personalizada para tratar zonas con dolor, inflamación o alteraciones en los tejidos, favoreciendo la recuperación y mejorando la funcionalidad de la zona tratada.
Las ondas de choque sirven para aliviar el dolor, mejorar la movilidad y estimular la regeneración de tejidos afectados.
Este tratamiento se utiliza con frecuencia en casos de tendinopatías, fascitis plantar, espolón calcáneo, dolor muscular, contracturas persistentes, lesiones deportivas y molestias crónicas que no mejoran con tratamientos convencionales.
Durante la sesión, se aplica un cabezal sobre la zona a tratar que emite ondas acústicas controladas. Estas ondas actúan sobre el tejido, favoreciendo la circulación sanguínea, estimulando la reparación celular y ayudando a reducir la inflamación.
El objetivo es activar la respuesta natural del organismo para mejorar el dolor y recuperar la función de la zona afectada. El cuerpo haciendo su trabajo, pero con un empujón tecnológico, porque aparentemente también necesita supervisión.
Las ondas de choque pueden aplicarse en diferentes zonas del cuerpo, especialmente aquellas donde existe dolor muscular, tendinoso o articular.
Algunas de las zonas más habituales son talones, planta del pie, rodillas, hombros, codos, espalda, cuello, caderas y piernas. La zona exacta se valora siempre en consulta para adaptar el tratamiento a cada paciente.
Las ondas de choque pueden generar una sensación intensa o algo molesta durante la aplicación, especialmente si la zona está muy sensible o inflamada.
Aun así, la intensidad se ajusta según la tolerancia de cada paciente para que el tratamiento sea efectivo y llevadero. No requiere anestesia ni cirugía, lo cual ya es una pequeña victoria contra la absurda costumbre humana de complicarlo todo.
El número de sesiones depende del tipo de lesión, la zona tratada, el grado de dolor y la evolución de cada paciente.
En muchos casos, se recomienda realizar varias sesiones espaciadas para conseguir una mejor respuesta del tejido. Tras la valoración inicial, el especialista indicará el protocolo más adecuado según las necesidades concretas de cada caso.
Algunos pacientes pueden notar mejoría desde las primeras sesiones, especialmente en la reducción del dolor y la sensación de movilidad.
Sin embargo, la respuesta puede variar según el tipo de lesión y el tiempo de evolución. En lesiones crónicas, el proceso puede ser más progresivo, ya que el tratamiento busca estimular la reparación del tejido desde el interior.
No suele requerir tiempo de recuperación. Después de la sesión, el paciente puede retomar su vida diaria con normalidad, aunque en algunos casos puede aparecer una ligera molestia temporal en la zona tratada.
Se recomienda seguir las indicaciones del especialista y evitar esfuerzos intensos justo después del tratamiento si la zona está especialmente sensible.
Si tienes molestias musculares, dolor localizado o quieres saber si las ondas de choque son adecuadas para tu caso, estás en el sitio indicado.